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7.12.14

La tarde era cálida, una suave brisa recorría nuestro rostro y nos aliviaba del inmenso Sol. Había gente, murmullos, risas, voces entre la multitud.
Recuerdo verte llegar, tan hermoso como siempre, con esa sonrisa radiante, con esos ojos llenos de amor. No corrí porque me privé pero quise hacerlo (en verdad quise hacerlo). Cruzamos miradas y una lagrima brotó. Y si, era una lágrima de felicidad. Tu sonrisa se ensanchó.
No podía creer tenerte en mis brazos otra vez, sentir tu respiración, tu olor, tus músculos fuertes acunandome, tus ojos reflejando dulzura y tu sonrisa diciendome que todo va a estar bien.
Nos abrazamos y sonreimos mutuamente durante un largo rato, me negaba a la idea de soltarte otra vez ¿porque te habias tardado tanto? ¿porque no venias más seguido por aquí? ¿no notabas cuánto te necesitaba?
No recuerdo haberte escuchado hablar, solo tu sonrisa.
También estabas con ella, tan atractiva como siempre, con sus ojos dulces y su mirada impaciente. A ella hacía mucho más tiempo que no la veía, también me emocioné.
Quise sacarme fotos con ambos, quería capturar el momento. Ojalá pudiera tener el control sobre el tiempo. Ese momento por ejemplo hubiera durado muchisimo más.
Tuviste que irte a saludar a otros, ella no recuerdo que se moviera. La abracé también, le hablé de mi, le conté sobre mi vida, mis proyectos y sueños. Solo sonreía, sus ojos también reflejaban amor.
Cuando te vi volver corrí. Sí, esta vez no me privé. Sabia que quedaba poco tiempo.
Te abracé y me volviste a sonreir, cerré los ojos y me hundí en el placer de tenerte conmigo. No te irías jamás, no iba a permitirlo.
La paz me inundó, me sentí fuerte, segura, feliz.
Y si, ese fue el momento, te desvaneciste. Abrí los ojos y grité, grité de dolor y desesperación. ¿adónde está mi abuelo? Me giré para preguntarle a ella y tampoco estaba más. Corrí y lloré. Me desperté.
Emociones encontradas, feliz de haberlos visto, triste de haberlos dejado ir otra vez.